Jaime Retamal
El Mostrador
17/06/2009
Me imagino que debió de ser muy desagradable para la ministra de Educación tener que volver rapidito desde París a Chile a solucionar el problema de estos profesores de la educación pública que reclamaban por unas lucas de un bono pretérito. Desagradable tener que dejar el spleen parisino, por el sopor santiaguino; dejar el cafecito a media tarde en Saint-Germain-des-Prés, la reunión siempre interesante en algún organismo internacional, la experiencia de flâneur por el Quartier Latin, por unas galletitas nacionales con sucedáneo de café en una mesa atiborrada de pobreza y demandas de los profesores que sufren la administración municipal, más encima, en un edificio -el del Mineduc- que se ha transformado de un tiempo a esta parte, en el símbolo de la gestión que no queremos para un Chile ad portas el bicentenario.
Esto, no me cabe duda, explica sus palabras tan rotundas al arribar: "Están dinamitando la Educación Pública". Palabras más palabras menos, sábado por la noche, problema resuelto con los profes, habemus bono, el lunes a clases y a retomar la patita de esta cueca brava que llamamos año escolar en el sistema público.
Pero, lo que nadie sabía era que los estudiantes del Instituto Nacional se tomarían un largo San Lunes. Todo de nuevo. Tres grandes máquinas repletas de agua, y otra más pequeñita llena de gas, y un gran bus verde -todavía vacío- dispuesto a recibir pasajeros, y unos señores y unas señoras vestidos con duros plásticos verdes y cascos ad hoc, y el tránsito detenido por la vereda norte, y una veintena de periodistas, camarógrafos, fotógrafos y cientos de estudiantes jugueteando con el agua, el gas, los flashes, los micrófonos y el correteo de los carabineros.
Da para hablar de nuevo de dinamita o más bien, para hacer ver que ellos mismos -liceanos inconscientes- son los que están dinamitando su propio futuro. La pobre Ministra pasó rapidito del Paris je t'aime al neopingüinismo chileno. El planeta escolar otra vez movilizado, otra vez exigiendo lo que los adultos ya hemos pensado cómo solucionar. Pero además estos neopingüinos ejercen la violencia de moda, el bullying, nada más y nada menos que contra el cuarto poder. Por lo tanto, más fuerte que nunca la escuela pública acusada: malos resultados, mala convivencia, malos profesores, mala administración, y con grupúsculos violentistas.
¿Se trata de un mundo -el mundo escolar- que no camina sino por malos entendidos (Baudelaire)? ¿Se trata de una nueva escalada -en el mundo escolar- de desorden, caos y violencia? Basta leer las reflexiones del establishment este fin de semana en los medios nacionales para percibir una opacidad de sentido: interrogando la legitimidad de los movimientos escolares, pidiendo disciplina y control, exigiendo por un lado y por otro, volver a las aulas en aras de la desatendida calidad de la educación. Es decir, violencia física de los escolares y violencia simbólica del poder. Violencia que se permite abolir los límites de lo razonable, sea cual sea la razón o el sentido de esa razón. Sólo al hombre, decía el filósofo franco-alemán Eric Weil, se le revela la violencia, porque sólo él es el único que busca un sentido.
Así los escolares, apostando por un sentido y el poder político, por otro, ambos con sus propias fuerzas, una hasta física, otra hasta simbólica; unos jugándose la vida en un San Lunes, otros en sus SIMCESs PSUs. La pregunta es ¿dónde buscar una equivalencia, si ya el mundo adulto jugó sus cartas vía el Congreso? O dicho de otra manera ¿quién no ha escuchado a quién, que hemos llegado de nuevo a este embrollo: la que lanzó el jarrazo o la que recibió el agua? Porque embrollo es, sobre todo si nuestra sociedad chilena se parece cada vez más a eso que Baudrillard llamó una masa compuesta de átomos individuales lanzados en un absurdo movimiento browniano. ¿Qué sentido puede aunar, de una vez por todas, esos grandes relatos de deslegitimación que unos y otros acentúan día tras día?
Me permito ser pesimista mientras no troquemos el lenguaje que reina hoy en el mundo de la educación; porque la crisis que se diagnostica desde todos los centros de pensamiento, la agudiza aún más -sí, la agudiza- con las propuestas que promueven de acuerdo a sus propios intereses económicos. Necesitamos para la educación un lenguaje nuevo, que desplace al paradigma teórico del recurso humano y el capital humano nacido en la década del 60, en Estados Unidos bajo la reflexión de académicos como W. Schultz; E. Denison; G. Becker; J. Mincer, y que hoy es el paradigma unidimensional de la OCDE. Este es un paradigma que usa un lenguaje para representarse al conocimiento, tal cual un capital, es decir como una acumulación individual capaz de crear y producir riqueza y crecimiento, en una palabra, lucro. Se supone, que en un momento presente dado, el individuo (o sus padres) invierte en sí mismo para beneficiarse con mayor ventaja de las oportunidades que a futuro entregará el mercado como oferta, de esta manera, acrecentar el conocimiento es acrecentar las capacidades productivas, las competencias.
En un universo así, no se distinguen más los capitalistas de los trabajadores: todo el mundo es capitalista y todos deben movilizar sus competencias, quien más mérito tenga en esa movilización, más podrá gozar de las finalidades de una sociedad así organizada. En fin, ese lenguaje, que legitima la competencia en educación, ese lenguaje que denota una naturalidad y neutralidad tan común en los centros de pensamiento, es el lenguaje que de una u otra manera debe ser reemplazado por otro que verdaderamente hable de educación, pero desde la educación. Por ello, nos permitimos ser pesimistas. Los estudiantes seguirán por largo tiempo enfrentados con sus propios sentidos, y contra los sentidos de este paradigma, ya permeado en toda la clase política, académica y cultural. Este neopingüinismo, si amaina, será hasta que sus compañeros de primero y segundo medio estén en tercero y cuarto. Cuando de nuevo sientan que les prometieron un conocimiento humanista científico y sólo ven que tienen un par de competencias y muy pobremente aprendidas.
Neopingüinismo a la carta
Etiquetas: Educación, Municipalidades, Opinión 0 comentariosPublicadas por Miguel Urrea Benavides a la/s 3:13 a. m.
La crisis de la educación pública
Etiquetas: Educación, Municipalidades, Opinión 0 comentariosSergio Torres Pinto
La Nación
17/06/2009
Apenas se logró un acuerdo entre profesores, alcaldes y el gobierno en torno al pago del bono SAE (Subvención Adicional Especial), surgieron de nuevo expresiones de descontento con la educación municipalizada. Esta vez se presentaron bajo la forma de "tomas culturales" que reflotaron una sentida demanda de los estudiantes: que la educación pública deje de ser municipalizada y pase a manos del Estado.
Para empezar, es oportuno saber que esta petición concentra una generalizada percepción de una buena parte de la opinión pública, que ve en la municipalización de la educación una de las principales causas de un sistema educativo público que no brinda oportunidades de calidad a los niños y adolescentes de nuestro país. Las cifras parecen dar la razón a este punto de vista, porque se ha producido una baja tremenda de matrícula en la educación municipal. En efecto, entre 1981 y 2007 la participación del sector municipal disminuyó de 78% a 45% de la matrícula total.
Una mirada atenta a este sector permite afirmar que ya antes del cuestionamiento de los estudiantes se viene constatando una serie de dificultades sobre la provisión municipalizada, lo que no ha sido enfrentado de forma adecuada. Existe una relación deficiente entre el Ministerio de Educación y el nivel local, que no favorece la mutua colaboración y diluye los impactos de los programas tendientes a la mejora de la calidad; hay falta de atribuciones y competencias pedagógicas en el servicio que prestan las municipalidades y corporaciones municipales, agravadas por las débiles atribuciones para administrar al personal docente; desigualdades en relación con la educación particular; un sistema de financiamiento que no rinde cuentas con los costos reales de una educación de calidad en sectores con menor capital cultural, y dispersión de la población escolar (45% de la matrícula nacional es municipal, pero en el sector rural ésta aumenta a 72%).
Éste es el contexto en el que hay que debatir el proyecto de ley sobre fortalecimiento de la educación pública, presentado a fines de 2008 al Congreso. Por el momento es difícil entender que una materia tan relevante como ésta no fuera contenida en la Ley General de Educación (LGE), porque una de las cuestiones más esenciales a resolver en todo sistema educativo es precisamente la que concierne a las diferentes formas de provisión, tanto pública como privada. Todo indica que en esto hay un compromiso pendiente, y su no resolución puede hacer superflua cualquier aspiración de mayor calidad y equidad en el sistema educativo.
El problema de la educación municipalizada no está en la descentralización de la educación pública a nivel local, sino en la falta de atribuciones pedagógicas y en no contar con una mayor tuición sobre el personal docente, unida a la enorme diversidad y densidad poblacional que ésta representa. Por tanto, es urgente que como país se logre un amplio y sólido consenso dirigido al fortalecimiento de la educación pública. Nuestro país cuenta con una antigua tradición de provisión mixta en materia de educación.
La educación privada permite que exista diversidad de proyectos educativos. A su vez, una educación pública de calidad puede colaborar a cimentar un sistema democrático como ideal de país, en que la diversidad contribuye al fortalecimiento de la unidad como nación y la valoración de lo local, permitiendo asegurar una efectiva igualdad de oportunidades, en independencia de los ingresos económicos de la familia.
Poco valdrán las reformas ya aprobadas respecto de la educación si, junto con su fortalecimiento general, no se resuelven de manera adecuada las actuales debilidades de la educación municipalizada. Generar una nueva institucionalidad local, más amplia que la administración municipal y con efectivas atribuciones, es uno de los retos de nuestro sistema educativo. Su rezago daña seriamente la equidad educativa.
Publicadas por Miguel Urrea Benavides a la/s 3:02 a. m.
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