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La coalición proeuropea

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JOAQUÍN ALMUNIA
El Pais - España
23/06/2009

Desde mi punto de vista, el de un socialdemócrata partidario de una Europa política fuerte, el resultado de las recientes elecciones al Parlamento de Estrasburgo es preocupante por varias razones.

En primer lugar, por la baja participación, menos de la mitad de los inscritos en el conjunto de la Unión Europea. El hecho de que no sea la primera vez que sucede añade más gravedad a la falta de movilización, no debida sólo a la crisis. Además, una parte no desdeñable de quienes votaron se ha decantado por opciones radicales, populistas e incluso xenófobas. No hay que exagerar, pues estos diputados seguirán siendo una exigua minoría. Pero me preocupa que en algunos países -Hungría, Reino Unido, Rumania, Austria, Eslovaquia- los partidos de la extrema derecha hayan avanzado posiciones. A su vez, los euro-escépticos británicos, checos o polacos se han desgajado del Partido Popular Europeo y pretenden ahora condicionar las posiciones del ganador. Por último, el Partido de los Socialistas Europeos ha perdido votos y presencia, con lo que el conjunto del Parlamento se ha escorado hacia la derecha.

Todo ello es decepcionante. Según las encuestas, los ciudadanos quieren que Europa tenga más capacidad de decisión en lo que afecta a su empleo, sus condiciones de vida y trabajo y su seguridad. Piden a las instituciones europeas, incluyendo a sus respectivos Gobiernos en el marco del Consejo comunitario, que en estos temas superen las barreras nacionales y utilicen la dimensión europea para aumentar la eficacia de sus políticas.

Pero cuando esos mismos ciudadanos son llamados a elegir directamente a sus representantes en el Parlamento Europeo, uno de cada dos no acude, y quienes lo hacen votan a candidatos antieuropeos en mayor proporción que cuando se trata de una elección meramente nacional o local. ¿Qué está fallando? ¿Quién es responsable de esos fallos? ¿Cómo afrontarlos?

Sin duda, las campañas electorales han contribuido al desinterés o al voto de protesta. Los temas locales y las batallas partidistas se han impuesto sobre las cuestiones europeas. Y cuando se hablaba de Europa, no siempre era en términos positivos. Pero seamos claros: una campaña de tres o cuatro semanas no puede variar 180 grados la tónica que ha dominado a lo largo de los últimos años la comunicación sobre políticas y actuaciones de la UE. Desde la penosa campaña del referéndum francés en mayo de 2005 hasta la del 7-J han sido demasiadas las ocasiones en que los mensajes sobre Europa se han caracterizado por la falta de rigor, el oportunismo y, en ocasiones, los argumentos falaces.

Reconozco que algunas iniciativas han dado pie a ello: por ejemplo, la fallida directiva de tiempo de trabajo -la de la jornada de 65 horas- o el apoyo del Consejo y el Parlamento a la no menos reprochable directiva sobre retorno de inmigrantes. Pero acusar a Europa de que no ha reaccionado ante la crisis, cuando la UE ha liderado la convocatoria del G-20, ha aprobado regulaciones financieras muy importantes y ha desplegado estímulos fiscales, monetarios y financieros de proporciones astronómicas, no es de recibo.

Tampoco es serio, a mi juicio, intentar montar un frente anti-Barroso tan carente de argumentos como de alternativas viables para la presidencia de la próxima Comisión. Con esa frivolidad, se deteriora la imagen de Europa gratuitamente.Otras críticas tienen mucho más fundamento. No se han expuesto argumentos claros y convincentes sobre cómo Europa puede alcanzar un futuro mejor tras la crisis. Aquí hemos de admitir nuestro fracaso para transmitir que sólo una estrategia a escala de la UE será capaz de recomponer el aparato productivo sin las muletas de un sistema financiero desbocado, como fue el caso hasta agosto de 2007. No hemos explicado bien que sólo actuando a escala europea podremos ofrecer simultáneamente crecimiento económico y cohesión social, competitividad y oportunidades iguales para todos, una moneda fiable, un Estado fuerte sustentado sobre unas finanzas públicas saneadas, futuro para los jóvenes y solidaridad con una población cada vez más envejecida.

Por supuesto, conseguirlo no será fácil. Pero si en vez de apostar por la coordinación de las políticas económicas y financieras se cede a la tentación del "sálvese quien pueda" y a la competencia entre unos y otros, la salida no será otra que un largo periodo de bajo crecimiento y de tensiones populistas.

La tarea no puede recaer solamente en una fuerza política. La dimensión europea no es ni de derechas ni de izquierdas. Igual que hace 60 años, el proyecto de integración supranacional es de amplio espectro, lo comparten desde el centro-derecha hasta la socialdemocracia. Es más, si el consenso básico en el que se han basado desde el Tratado de Roma hasta el de Maastricht no se renueva ahora, el Parlamento perderá capacidad de decisión en los asuntos cruciales que van a formar parte de su agenda. Y si la Comisión o el Consejo abriesen en su interior brechas políticas permanentes entre los europeístas, fracasarían igualmente. Con o sin Tratado de Lisboa.

Europa no necesita ahora a unos proeuropeos frente a otros. Ni tampoco estamos para nuevas discusiones institucionales. Es la hora de la política. Pero la necesidad de una "coalición proeuropea" no indica que haya que despolitizar este debate. Al contrario. Cada partido tiene que aportar sus prioridades y sus propuestas para salir de la crisis fortalecidos. En el caso de la socialdemocracia, un proyecto europeo de paz, de igualdad de oportunidades, de defensa de los más débiles frente a toda discriminación. Que proteja a todos con servicios públicos eficaces, que ofrezca a través de la educación y la formación mayores expectativas de empleo y de progreso. Que combine el dinamismo económico con el respeto al medio ambiente. Que canalice la solidaridad dentro y fuera de las fronteras de los Veintisiete.

Esa visión de Europa tiene puntos de coincidencia y de divergencia con la de un ecologista, un liberal o la de un miembro del PPE. Los votantes dirán quiénes tienen en cada momento la mayoría necesaria para liderar las instituciones de la UE. Pero unos y otros deben -debemos- saber que quienes de verdad se oponen a la integración europea son otros. Y su triunfo supondría un retroceso histórico.

Los españoles aprendimos que la garantía de las libertades y la construcción de una democracia estable exige consensos y diálogo, compartir unos valores y principios básicos. A la vista de los resultados del 7 de junio y de las circunstancias que los explican, una conclusión similar es aplicable a la encrucijada en la que se encuentra la Unión Europea, salvadas las distancias de rigor. Si somos capaces de transmitirlo en esos términos quizás se nos entienda mejor, y los votantes sabrán lo que nos estamos jugando en Europa durante los próximos cinco años.

Joaquín Almunia es comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios.

La izquierdosa derecha europea

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Fernando Carrillo Flórez
El Espectador - Colombia
16-05-2009
QUE ANGELA MERKEL PROCLAME el relanzamiento de la economía social de mercado y que el Canciller de Francia afirme que Sarkozy es un presidente social y de izquierda explica algo el resultado poco inteligible de las últimas elecciones europeas.

Con una cifra récord de abstención del 59%, mucho euroescepticismo y una obsesión por los temas locales, es cierto que la derecha ha ganado estas elecciones, pese a que su programa favorito —el neoliberalismo— ha sido señalado como el culpable principal de todo lo que le ha pasado a la economía mundial en los últimos meses. Gran paradoja pues debía ser el cuarto de hora de la izquierda, por lo cual habrá que postergar las exequias del capitalismo. Porque lo único nuevo es el regreso del Estado como motor del antídoto neokeynesiano contra la crisis.

Adam Przeworski ha demostrado que los gobiernos y los partidos pueden cambiar de políticas como de sombrero, aún para preservar los programas de gobiernos de otros partidos, siempre que funcionen en la práctica. La economía social de mercado como invención de la socialdemocracia europea atraviesa credos y colores ideológicos. Pero no hace mucho, el neoliberalismo era abrazado por los partidos de izquierda y los conservadores denigraban del big government. Hoy la política se diferencia pero las políticas son muy similares.

En los casos de Portugal, Gran Bretaña y España, las derrotas de los socialistas en el gobierno sólo corroboran que la ciudadanía no ha percibido claridad ni liderazgo en las políticas anticrisis; que se ha sufrido un gran desgaste después de 12 años de laborismo inglés; o que no ha habido respuestas inmediatas por el prurito de consensuar reformas, como Felipe González lo predica del caso español.

La construcción de la Europa social liquidó las divisiones entre izquierda y derecha y la socialdemocracia sostiene que la derecha le rapó la bandera social. Al mismo tiempo, la izquierda se ha quedado sin ideas, propuestas ni soluciones nuevas; sin discurso. En Francia, Daniel Cohn-Bendit, el niño terrible de mayo del 68, ha resucitado 40 años después con la bandera ecológica, a punto de sepultar al Partido Socialista en la peor crisis de identidad de su historia reciente.

Pero hay que ser cautos en la interpretación de la victoria de la derecha frente a América Latina. Porque la realidad actual es que ya 20 de los 27 de la Unión Europea son gobiernos de centro-derecha; y porque además se ha demostrado que este grupo es a veces más progresista y demócrata en términos prácticos que incluso la izquierda radical latinoamericana. La cara compleja de la moneda, esa sí nueva, es que habrá que comenzar a lidiar con visiones autoritarias y nacionalistas de una ultraderecha fanática antiinmigrante y anticooperación para el desarrollo, que ganó varios escaños en el Parlamento europeo.

La diferencia con la derecha e izquierda latinoamericanas consiste en que por los lados del trópico algunos no tienen reparos en desmantelar las instituciones, pasar por encima del Estado democrático de Derecho y desintegrar los frenos y contrapesos del sistema. Para no hablar de las políticas sociales devoradas por el virus letal del clientelismo al servicio del caudillismo.

Políticas de izquierda, gobiernos de derecha

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Antonio Estella
El Pais - España
09/06/09

A nadie le ha pasado desapercibido: la derecha ha ganado las elecciones al Parlamento Europeo y, sin embargo, se ha producido el derrumbamiento del programa que la sustentaba, el neoliberalismo. Además, en la mayor parte de las capitales europeas gobiernan partidos de derechas (las excepciones serían España, Portugal, Austria, Bulgaria, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia, más el moribundo Gobierno laborista de Reino Unido), pero todos ellos están aplicando para salir de la crisis recetas más propias de la socialdemocracia (del neo-keynesianismo). O sea, la derecha domina en Europa la política, pero la izquierda domina las políticas.

¿Qué es lo que explica esta aparente paradoja? ¿Cómo es posible que estemos en una situación en la que, a pesar de que el paradigma ideológico y programático que empieza a dominar sea más cercano a la socialdemocracia, la derecha esté en el poder? ¿Confía la gente más en la derecha para aplicar recetas socialdemócratas?

Indudablemente, las coyunturas específicas en las que se encuentran determinados partidos socialdemócratas pueden tener que ver en la explicación de esta situación. Así ocurriría con el caso francés y con el caso italiano, por ejemplo. El Partido Socialista Francés se encuentra inmerso en una lucha fratricida desde que Lionel Jospin fue descabalgado de su dirección. Por su parte, la izquierda italiana, a pesar de la relativa mejora que ha experimentado en estas elecciones europeas, sigue fuera de juego, incapaz de unirse y de encontrar un líder que no sea fagocitado por el concurso de egos que todavía se practica en ese lado del espectro ideológico italiano. De todas, la situación en Italia es la más preocupante: puede que la Primera República haya muerto, pero desde luego la Segunda República no ha nacido todavía.

La coyuntura importa, desde luego, pero no lo explica todo. En otros países la izquierda tiene los deberes aproximadamente hechos: está unida, y con líderes relativamente solventes, a pesar de lo cual la gente sigue prefiriendo a la derecha, no consciente (o quizá sí) de la disonancia que implica votar por partidos conservadores al tiempo que les exige la aplicación de recetas más propias del centro-izquierda. Alemania sería el más claro exponente de esta situación.

Existen, por tanto, corrientes más de fondo, explicaciones más estructurales sobre lo que está pasando. Exploraré las dos que me parecen más sugerentes. Primero, la idea de que, a pesar de lo que podamos pensar, existe en realidad una gran dosis de convergencia política entre partidos, lo que da pie a la emergencia de los llamados policy regimes. Y segundo, y en ese contexto, la facilidad con la que algunos partidos de izquierda han asumido programas de corte neoliberal.

En un estudio seminal de capital importancia para la comprensión de la evolución de la socialdemocracia en Europa, Adam Przeworski sostuvo en 2001 lo siguiente: "Todo el mundo asume que los objetivos y las políticas de un Gobierno difieren necesariamente de los que perseguiría el partido de la oposición si éste llegara al poder. Sin embargo, lo que se observa que ocurre en la práctica es que Gobiernos de derechas continúan implementando las políticas de sus predecesores de izquierdas, y viceversa". Dos son los ejemplos que da Przeworski. Así, el Gobierno danés de centro-derecha se embarcó entre 1968 y 1971 en un programa de subidas de impuestos y del gasto público de tal calibre que incluso hizo palidecer las políticas que en este terreno desarrollaron sus predecesores de izquierda. De la misma manera, los Gobiernos de Blair adoptaron muchas políticas neoliberales que habían probado los Gobiernos conservadores de Thatcher.

Por tanto, la historia de cómo se conforma el desarrollo de las políticas adquiere el siguiente aspecto. Un partido llega al gobierno con un determinado programa. Lo aplica. Algunas partes de ese programa no son muy exitosas, pero otras sí. Con el tiempo, ese partido es descabalgado del poder por la oposición. Aunque el partido de la oposición gana las elecciones con un programa diferente al que estaba aplicando el Gobierno, una vez en el poder, sigue desarrollando las políticas con las que el otro partido tenía éxito. Y no sólo las gestiona, sino que, como en el caso danés, puede incluso darles una vuelta de tuerca más, llevarlas hacia un estadio de evolución superior. La moraleja es clara: si quieres seguir manteniéndote en el poder, haz lo que tu competidor hacía de manera exitosa y, si puedes, mejóralo.

La conclusión que arroja esta moraleja en parte es triste para la socialdemocracia y en parte no. Lo es en el sentido de que invita a dejar de lado el programa máximo, cualquiera que éste sea, de la socialdemocracia. Y no lo es en el sentido de que establece de manera muy clara las condiciones a partir de las cuales la socialdemocracia puede dejar de ser antílope y convertirse en pantera.

En efecto, lo que el recuento anterior viene a decir es que la democracia es una constricción fundamental con la que debe jugar la socialdemocracia. Una vez que aceptas la democracia, sólo puedes pretender desarrollar políticas que gocen del apoyo mayoritario. Intentar desarrollar tu programa máximo será por tanto suicida si éste no recibe el respaldo de la mayor parte de la gente. Más que la revolución, la socialdemocracia tiene que tender hacia el reformismo. Éste es el camino más sabio si quiere sobrevivir. Y eso explica, en parte, que en muchos países haya asumido con tanta facilidad el neoliberalismo. Como en Reino Unido.

Pero que el margen para la innovación política sea muy reducido no significa que sea inexistente. Existen momentos en que los políticos, todos ellos, pero también los socialdemócratas, pueden dejar de ser antílopes, y dejar de estar simplemente atentos a los cambios en la mayoría, y convertirse en panteras, intentando conformar dichas mayorías, al convencerlas de que un cambio es necesario y de que son ellos precisamente los que están en mejores condiciones para liderarlo.

Esas condiciones son fundamentalmente tres: primero, que se den las circunstancias que permitan abrir una ventana de oportunidad para proponer una nueva política; segundo, que la gente acepte esa innovación, y tercero, que el que propone la innovación tenga buena suerte.

La intuición que hay detrás de esta idea es que cuando los votantes no saben qué pensar de una nueva política, se fijarán en la innovación en tanto en cuanto piensen que el partido que la propone es un partido responsable y que el statu quo no es positivo. Además, pensarán que el partido que propone el cambio es responsable si ese partido está convencido de que es necesario un cambio y aparece ante los ojos de la gente como más preocupado por el bienestar general que por la supervivencia política. Paradójicamente, el hecho de que haya desarrollado políticas más propias del otro bando en el pasado le ayudará a ganar reputación ante el electorado. Existe un límite, sin embargo: el partido socialdemócrata en cuestión tendrá muy difícil convencer a la gente de que no ha hecho electoralismo si en el pasado compró por completo la agenda de su competidor. El ejemplo británico re-emerge aquí de nuevo.

Por tanto, los partidos socialdemócratas que se han mantenido fieles a sus señas de identidad y que tienen una agenda específica de cambio tendrán muchas mejores perspectivas para que en el futuro la gente vuelva a acudir a ellos para la implementación de políticas socialdemócratas. En Europa es posible encontrar muchos partidos socialdemócratas que han sido aproximadamente fieles a sus señas de identidad. Es más difícil, sin embargo, encontrar partidos socialdemócratas que de verdad tengan una agenda de cambio propia, estén íntimamente convencidos de ella, y dispuestos, teniendo en cuenta las constricciones existentes, a desarrollarla.

Por tanto, para eliminar la disonancia que supone que sea la derecha y no la izquierda la que aplique en medio de las crisis políticas socialdemócratas, la izquierda tiene que preguntarse cuáles son sus objetivos y su plan para llevarlos a cabo, y no esperar a que alguien haga el trabajo por ella. En otras palabras, lo realmente importante en este ámbito de estrecho margen para la innovación política será establecer el tono: es decir, quién innova y quién copia al que innova.


Antonio Estella es profesor de Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

La UDI entre el neoliberalismo y el partido popular

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Andrés Sanfuentes
Diario Financiero
02/06/09

El reciente Congreso UDI "Hacia el Bicentenario" arrojó conclusiones de interés, que fueron difundidas en un inserto de prensa, que se sintetizan en 22 propuestas específicas, para ser incorporadas en los primeros 100 días de un eventual gobierno. Los temas son variados, pues incluyen materias en ámbitos sociales, bajo el lema central "Nuestro compromiso con los que más sufren".

Durante los últimos años, ese partido ha estado tensionado por dos corrientes internas que reflejan objetivos diferentes, al menos en los énfasis. Por una parte, su definición como "partido popular", cuyos principales representantes son Pablo Longueira y Joaquín Lavín. Alternativamente, la facción encabezada por la mayoría de los "coroneles", con otro estilo y más cercanos al mundo empresarial y al pensamiento neoliberal. Una muestra de estas diferencias la constituyeron los comentarios del senador Longueira a la aproximación de Piñera al mundo popular y al tema de la pobreza, considerada como meramente intelectual, lo cual pondría en duda su triunfo en diciembre.

Las formulaciones están concebidas para reforzar la aproximación del candidato al asunto de la pobreza y en ese carácter le fueron entregadas. Al mismo tiempo, tienen el sello de Lavín, invitado central a exponer su pensamiento y que se tradujo en aspectos que fueron incorporados al texto final y que son algunos de las más novedosos.

Se observa una evidente inconsistencia entre el programa de los 100 días y su puesta en práctica. Crear en el gabinete ministerial una autoridad social a cargo del cumplimiento de las metas, la transparencia de los recursos y la evaluación de los resultados, difícilmente tendría éxito en ese plazo y refleja un serio desconocimiento de cómo opera la administración del Estado, sujeta a leyes, reglamentos, normas presupuestarias, responsabilidades políticas y personales indelegables. Otra cosa es la tarea mayor, de largo plazo, sugerida por el Consejo Trabajo y Equidad de "establecer una autoridad social dedicada a la coordinación y evaluación de las políticas sociales", la cual también puede servir de contrapeso a la "dictadura de Hacienda". Algo similar ocurre con la designación de un ministro en campaña para erradicar los campamentos antes de terminar el año del Bicentenario; las experiencias con este tipo de funciones ejecutivas al margen de las instancias regulares no han sido exitosas.

Hay planteamientos muy generales, buenos deseos sin mayor contenido y votos de confianza, como "más y mejor trabajo: sabemos hacerlo", algo petulante, pero al menos no se repite la muletilla neoliberal de la flexibilidad laboral, que habría quedado fuera de contexto. Al mismo tiempo, algunas propuestas concretas que son novedosas: los bonos "silla de ruedas" y "sonrisa" que deberían ser copiados por los otros candidatos. También se ofrece el "bono automático Auge", que permite a quienes no son atendidos oportunamente por los servicios públicos recurrir a entes privados, lo cual tiene fundamento en el incumplimiento de compromisos estatales. Diferente es el cheque para la defensa judicial, que permitiría la contratación de abogados particulares, el que cae en la obsesión neoliberal de privatizarlo todo, en circunstancias que se prestaría para todo tipo de abusos, a causa de las asimetrías de información, la captura, los eventuales acuerdos ilegítimos entre clientes y defensores y la fabricación de juicios.

El campo de la vivienda da un lugar privilegiado al populismo: condonaciones y perdonazos ante las "injusticias", ofertones en la ampliación de las viviendas que suena atractivo, pero impracticable por motivos del alto costo, menos en 100 días. Esto último lleva a un tema fundamental, el antipático financiamiento para cumplir las promesas. De eso no se habla, porque aumentos de impuestos no son posibles en la vertiente neoliberal que desea reducirlos y achicar el tamaño del Estado.

Por último, ¿cómo resolver la contradicción entre las dos "sensibilidades" presentes (porque la UDI también tiene "dos almas"). La corriente neoliberal anti estatista y la del partido popular que pretende construir un Chile más justo, lo cual requiere ingentes recursos estatales, como los que están implícitos en el documento; por ejemplo, la condonación a los deudores PET y la supresión del 7% del aporte de los jubilados a la salud.

La debilidad de los partidos de la Concertación

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Carlos Huneeus
El Mostrador
01/06/09

Esta sexta elección presidencial, el plebiscito de 1988 fue la primera, aunque fue no competitiva, tiene una diferencia fundamental con las anteriores: el debilitamiento de los partidos de la Concertación. Los indicadores están a la vista: su afiliación se ha desplomado, la cohesión interna se ha resentido como nunca antes, con peleas y rupturas; no tienen presencia en el movimiento estudiantil de las principales universidades del país, ni en el movimiento sindical, no dan a conocer sus propuestas programáticas y en sus bancadas sobresalen protagonismos individuales. Los problemas son ahora más visibles en el PS y el PPD, que sufren los costos de la prolongada permanencia en el gobierno.

Tienen un bajo apoyo electoral en las encuestas: en Abril de 2009, el PS baja cuatro puntos, al 5 % en comparación a la encuesta CERC de abril del 2005, el PPD pierde cinco puntos, cayendo al 3%, y el PDC se mantiene en el 11%. La oposición, por el contrario, mantiene su respaldo y supera a la Concertación: 24% entre RN y UDI, frente al 19% de las cuatro colectividades oficialistas.

Estas debilidades tienen una larga historia, que conviene recordar porque los chilenos tenemos mala memoria. El 2006 renunció al PPD el senador Fernando Flores porque se consideró perjudicado en las elecciones a presidente de la colectividad; el 2007, la directiva del PDC, bajo la presidencia de la senadora Soledad Alvear, tomó medidas disciplinarias contra el senador Adolfo Zaldívar, que la había antecedido en la presidencia de la colectividad, siendo expulsado por el tribunal supremo. Esto provocó la renuncia de cinco diputados, con lo cual la Concertación perdió su mayoría en la Cámara que había mantenido desde 1990.

Esto empujó a la oposición a presentar una acusación constitucional contra la ministra de Educación, Yasna Provoste (PDC), por irregularidades encontradas por la Contraloría, que eran de responsabilidad especialmente del Seremi de la región metropolita, militante del PS, que fue aprobada en la Cámara y por el Senado, siendo destituida. En las elecciones municipales del 2009, el PPD y el PRSD formaron una lista separada del PS y del PDC, primera división institucional de la Concertación, para competir en las elecciones de concejales. El PS ha tenido dos renuncias - Jorge Arrate, uno de sus presidentes y ministro en dos gobiernos y del senador Alejandro Navarro- y una tercera inminente del diputado Marco Enríquez-Ominami, cada uno de los cuales es candidato presidencial.

Los votantes del PS tienen cuatro postulantes al sillón de O'Higgins, porque el abanderado de la colectividad es el senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

La debilidad de los partidos de la Concertación también se expresa en las dificultades para confeccionar las listas de candidatos al Congreso, con lo cual no comienza la movilización territorial, indispensable, además, para apoyar la candidatura presidencial de Frei. Mientras el senador Frei anuncia una renovación de la élite, dando pasos en esa dirección, los partidos, especialmente el suyo, el PDC, se muestran incapaces de seguirlo en ello, sin mostrar nuevos rostros. Sin candidaturas parlamentarias definidas, la de Frei dispone de menos recursos políticos para desplegar su fuerza a nivel territorial ahora.

La debilidad de los partidos ha favorecido el surgimiento de candidatos presidenciales, que creen tener las capacidades para solucionar los problemas del país. La proliferación de candidaturas de figuras que pertenecieron a la Concertación (a los renunciados del PS se agrega Adolfo Zaldívar) ha sido apoyada por los medios de comunicación, movidos no sólo por el interés de fijar la agenda, sino también para lograr objetivos políticos. Estos medios tienen ahora más espacio para influir en las opiniones de las élites y de la ciudadanía informada porque los partidos carecen de los recursos de comunicación que tuvieron hasta el 2005 para contrarrestar con eficacia la información adversa difundida en su contra por la prensa escrita.

El "fenómeno Marco Enríquez-Ominami" (MEO) no se explica sin el apoyo que ha tenido de parte de los diarios de la cadena de El Mercurio y La Tercera, que lo han hecho a través de noticias y numerosos reportajes al candidato y a su familia (su madre, padre, esposa, incluyendo una idealizada presentación de Miguel Enríquez, su padre biológico, fundador del MIR). Estas acciones quedarán como uno de los intentos de ingeniería política más explícitos realizados por la prensa escrita en una contienda presidencial chilena. En consecuencia, el "fenómeno" MEO no es la causa de los problemas de la Concertación, sino una consecuencia de la debilidad de sus partidos y de los errores de sus dirigentes, especialmente en el PS.

La debilidad de los partidos provoca un vacío que es ocupado por algunas encuestas, empleadas para apoyar estas acciones de ingeniería electoral. Consultoras que nunca han hecho sondeos, como Imaginacción, aparecen ahora haciéndolos, confirmando el "fenómeno MEO" cuando recién estaría partiendo. Su escasa seriedad pronto se hace visible, cuando entrega resultados que pertenecen a una encuesta anterior.

La debilidad de los partidos es una pésima noticia para la calidad de la democracia, porque permite que el dinero tenga más influencia en las decisiones políticas, con millonarios participando activamente no sólo en la campaña de la derecha, sino también en las de la izquierda. El "jefe político" de la candidatura presidencial de MEO pertenece a ese conglomerado. La influencia del dinero en la Concertación no es nueva, porque Fernando Flores llegó al senado el 2001 mediante un gran despliegue de sus amplios recursos económicos.

Las causas de la debilidad de los partidos son complejas y tienen que ver con varios factores, entre los que se encuentran errores de sus dirigentes y al impacto de factores institucionales provenientes del presidencialismo. A diferencia del parlamentarismo, en que los ministros tienen una activa vida de partidos, en el presidencialismo ellos son nombrados por el presidente por su trayectoria profesional y no mantienen una relación con su partido. Los presidentes, con la excepción de Patricio Aylwin, mantuvieron una actitud pasiva y hasta distante con los partidos de la Concertación, delegando su relación con sus directivas a alguno de sus ministros.

La solución a los problemas de los partidos no es simple. La presidenta Bachelet debiera tener una activa participación en la superación de las debilidades de los partidos. Está muy bien que llame a la Concertación a que "se ordene", pero como ello no ocurre, esa convocatoria es insuficiente. Ella es no sólo Jefe de Estado y de gobierno, sino también líder de la Concertación y, al final de su mandato, será evaluada no sólo por su gestión de gobierno, sino también como líder de la coalición. Lo primero, que tendrá una muy alta calificación, se puede ver empañado por la crisis de los partidos que la llevaron a La Moneda, especialmente el suyo, que está en una lamentable situación.

La solidez de nuestro sistema de partidos hizo posible que Chile tuviera una democracia cuando en la región había hegemonía militar. El sistema múltiple de partidos es una de las principales causas que explica por qué en Chile hubo democracia en el siglo XX en forma continuada, mientras en Argentina ello no fue posible. Cuando se pone en riesgo ese recurso fundamental de la democracia, se está llegando a un punto que nos puede llevar a un muy mal destino. Hay que detener ese avance, antes que sea tarde.

Clases: Gobierno e Instituciones 01-09

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Universidad Alberto Hurtado

Gobierno e Instituciones Políticas

Profesora: Fabiola Berrios Salgado


CLASE 01: INSTITUCIONES

¿Qué son las instituciones?

¿son sólo las reglas del juego?, ¿Son cualquier tipo de conducta repetida que afecte al proceso político y sus resultados?, ¿Son sólo normas formales?, ¿Son procedimientos estándar de funcionamiento?

Definición:

Maurice Hauriou: Es una idea de obra o de empresa que se realiza y dura jurídicamente en un medio social; para la realización de esta idea se organiza un poder que le da una serie de órganos; por otra parte, entre los miembros del grupo social interesado en la realización de tal idea, se producen manifestaciones de comunión, dirigidas por los órganos del poder y reglamentadas por procedimientos.

Lucas Verdú: Consolidación permanente, uniforme y sistemática de conductas, usos e ideas mediante instrumentos que aseguran el control y cumplimiento de una función social.

Maurice Duverger: Desde un punto de vista científico, el término “instituciones políticas” tiene un sentido más amplio, y engloba las instituciones relativas al poder en todas las sociedades, todos los grupos y todas las colectividades.

¿Qué hacen las instituciones?

Uniforman conductas en la medida que establece un modelo de comportamiento o tipo obligatorio de conductas que se impone a quienes la integran o adhieren a ella.

Determinan:

a) Quienes son los actores legítimos.

b) El número de actores.

c) El curso de acción.

d) La información de la que dispondrán los actores acerca de las intenciones de cada uno.

¿Cómo hacen lo qué hacen?

A través de:

a) Ideas

b) Normas

c) Valores . Estas se ordenan para conseguir un fin determinado.

¿Qué características tienen?

Son duraderas, ¿por qué?

a) Nadie tiene interés en cambiarlo.

b) Incertidumbre frente al cambio.

c) Costos de ser actor del cambio.

d) No se escogen.

Cuando cambian lo hacen por:

a) Accidentes o factores no previstos.

b) Cambio evolutivo.

c) Diseño intencionado.

CLASE 03: DEMOCRACIA

¿Qué es la democracia?

Tres distinciones:

a) Es un principio de legitimidad.

b) Es un sistema político llamado a resolver problemas de ejercicio del poder.

c) Es un ideal.

Distintas definiciones pero, Robert Dahl

Oportunidades de:

a) Formular sus preferencias.

b) Expresar sus preferencias a otros de manera individual y colectiva.

c) Lograr que esas preferencias sean consideradas.

Ocho garantías institucionales:

a) Libertad de asociación y organización.

b) Libertad de pensamiento y expresión.

c) Derecho de voto.

d) Derecho de los líderes a competir por el apoyo.

e) Fuentes alternativas de información.

f) Posibilidad de ser elegido para cargos públicos.

g) Elecciones libres y correctas.

h) Existencia de instituciones que hacen depender las políticas gubernamentales del voto y otras expresiones de preferencias.

¿Cuáles son y cómo se relacionan entre sí las instituciones de la democracia?

1) Democracia mayoritaria (Modelo de Westminster).

2) Democracia consensual.

Arendt Lijphart: dos dimensiones.

1) Dimensión Ejecutivos-Partidos.

2) Dimensión federal-Unitaria.

CLASE 06: GOBIERNO

Tres teorías de gobierno:

1) Parlamentarismo

2) Presidencialismo

3) De la convención “o de los semi…”

¿Qué es gobernar?

“el ejercicio del poder mantenido por el control último sobre el recurso a la fuerza coercitiva”.

¿Qué es el gobierno?

“estructura que posee el control de los instrumentos coeritivos”.

¿Cuáles son las funciones del gobierno?

Según Morlino, una hacia el exterior y una hacia el interior.

Surge entonces una relación entre esta estructura y sobre quienes se ejerce el poder.

Luego, aparece el concepto de legitimidad.

Tres tipos de legitimidad, (Weber)

1) Legitimidad del “eterno ayer”, de la costumbre o tradicional.

2) Legitimidad de la gracia, personal y extraordinaria, “carismática”.

3) Legitimidad basada en la legalidad y en la creencia de la competencia objetiva en ella.

Pero, ¿cuál es el contenido del poder?

Si los gobernantes se perciben como representantes y delegados del pueblo, entonces la función de gobierno es la “ejecución de la voluntad popular”

De la relación entre gobernados y gobernantes, según Sartori:

1) Las democracias representativas son gobernadas más que gobernantes, pero desde los cincuentas esa relación se comienza a invertir.

2) “desencadenar la acción” no acerca, necesariamente, la democracias a sus ideales. Presionar sobre el poder no es ejercitar el poder, no quiere decir democracia gobernante.

3) Menos poder para los gobernantes no significa, necesariamente, mayor poder para los gobernados.

¿Qué es gobernabilidad?

Capacidad de los sistemas políticos para gobernar. Es un concepto moderno y dice relación con sociedades complejas.

El quantum del gobierno y la burocracia y la tecnocracia.

CLASE 07: RELACIONES EJECUTIVO-LEGISLATIVO

Regímenes institucionales

Están conformados por una serie de normas que interactúan entre sí, dependiendo del diseño procedimental.

Dentro de un regimen institucional las instituciones interactuan de diferentes modos, reforzándose de manera aditiva, superponiéndose o neutralizándose.

Las funciones del parlamento, Sartori distingue entre:

Control legislativo: Capacidad para presentar, modificar, demorar y rechazar iniciativas de ley.

Control político: seguimiento de las decisiones adoptadas. Tiene que ver con la implementación.

Dimensiones del control parlamentario (Steffani)

n Revisión posterior de las actividades del gobierno y de la administración pública.

n Participación permanente y seguimiento de las actividades del gobierno y de la administración pública.

n Posibilidad de obligar al gobierno a dar cuenta de sus actividades y, eventualmente, revertir sus decisiones o destituir.

Poderes del congreso según Blondel:

n Poderes de iniciación.

n Poderes de reacción.

n Poderes de prevención.

Factores que inciden en esta relación:

n Constituciones, leyes y reglamentos.

n La estructura del parlamento.

n Apoyo técnico-profesional.

n Partidos Políticos.

Tipología de Congresos de acuerdo a su relación con el Congreso (Morgenstern):

n Generadores.

n Proactivos.

n Reactivos.

- Serviles.

- Dispuestos a negociar.

- Recalcitrantes.

CLASE 08: RELACIONES EJECUTIVO-LEGISLATIVO

Presidencialismo de coalición: la experiencia de Latinoamérica.

Definición: es aquel en que el Presidente construye una base de apoyo concediendo puestos ministeriales a miembros de los partidos con representación en el Congreso y ellos, a cambio, proporcionan los votos necesarios para aprobar su agenda en el legislativo. (Abranches)

Algunas situaciones puntuales de interacción:

Las renuncias: el formato depende de la distribución del poder partidario en el Congreso, dando origen a:

a) El que responde a una salida presidencial de la crisis.

b) El que responde a una salida parlamentaria.

¿de qué depende que se de una u otra?

¿Cómo se resuelven las salidas presidenciales?

1) Llamado anticipado a elecciones.

2) Entrega anticipada del poder.

Una vez que se entrega el poder, ¿qué sigue? ¿Cómo se resuelve la sucesión?

1) El Congreso nombra a un sucesor. (Por quorum o línea de sucesión).

2) Se llama a elecciones.

3) Se adopta un sistema mixto de acuerdo a los años de mandato transcurridos.

Algunas situaciones puntuales de interacción:

Los poderes de agenda del Presidente: “el poder de la agenda y el control sobre el proceso legislativo permite a los gobiernos proteger su mayoría contra decisiones impopulares y preservar los acuerdos sobre políticas. En este sentido, fomentan una acción concertada entre el gobierno y su mayoría de apoyo y, en consecuencia, aumentan la cooperacíón”. (Figuereido).

Algunas situaciones puntuales de interacción:

Ministerios vs Congreso: ¿de qué depende esta relación?

n Grado de coalescencia en los ministerios. Es decir, la obtención de los puestos ministeriales en relación al tamaño de las bancadas en el Congreso.

n Desarrollo del mandato presidencial.

n Según el partido, de la distancia ideológica respecto del ejecutivo.

CLASE 09: PARTIDOS POLITICOS

Algunas funciones de los partidos políticos:

1) Reclutar y seleccionar los aspirantes a los cargos políticos.

2) Organizar el proceso electoral.

3) Estructurar el apoyo político de la opinión pública en torno a determinados programas políticos, intereses económicos y valores.

4) Incluir los intereses y las preferencias de la ciudadanía en el proceso de formulación de políticas.

5) Formar gobierno.

6) Establecer los acuerdos políticos en el ámbito legislativo.

Características de los partidos que influyen en la gobernabilidad democrática:

a) Nivel de Institucionalización: Un sistema de partidos está institucionalizado cuando las pautas de competencia interpartidista son relativamente estables, los partidos cuentan con bases de apoyo social sólidas y profundas, tanto los partidos como las elecciones son percibidos como legítimos y como instrumentos únicos para determinar quién gobierna, y las organizaciones partidistas se caracterizan por contar con reglas y estructuras razonablemente estables.

b) Grado de Fragmentación: Indica el número de agrupaciones que obtienen habitualmente una proporción significativa de votos y escaños.

c) Grado de polarización: Se relaciona con la magnitud de las diferencias entre los distintos partidos respecto de su ideología política y su base social.

Dimensiones de un sistema de partidos institucionalizado:

1. Relativa estabilidad de los modelos de competencia interpartidista.

2. Arraigo social estable y profundo de los partidos.

3. Percepción popular de la legitimidad de los partidos, y las elecciones, como legítimos, y de que estos son los únicos instrumentos para determinar quién gobierna.

4. Un sistema de partidos con reglas y estructura estables.